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CARTA DEL PRIOR GENERAL EN LA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DEL MONTE CARMELO

Queridos hermanos y hermanas de la familia carmelita extendida por todo el mundo. Se acerca ya la fiesta de la Virgen del Carmen y en muchos lugares se celebran novenas, se preparan las procesiones y se honra de muchos modos a María, Nuestra Madre y Hermana, bajo esta advocación tan entrañable del Carmelo.
El 16 de julio, toda la familia carmelita se siente unida en la fiesta de María y celebra con gozo la protección maternal de la Madre de todos los carmelitas. Por ello quisiera en primer lugar, compartir con vosotros ese gozo y animaros a seguir caminando bajo la guía segura de aquella a la que invocamos como “estrella del mar”…
El escapulario del Carmen (humilde signo de nuestra devoción y consagración a María), sirve en muchos lugares de emblema y de recuerdo de esa identidad carmelita, de la consagración a la Virgen del Carmen y de su tierna protección maternal. Como signo que es, nos identifica y nos congrega. El pueblo sencillo ha sabido captar la fuerza y la significación de este pequeño sacramental y lo luce con sano orgullo durante estas fiestas del Carmen.
Los carmelitas sabemos bien que la fiesta del Carmen no es solamente una celebración pasajera o sentimental, sino que supone también un recuerdo de nuestra vocación, identidad y misión. Desde sus orígenes, el Carmelo se ha sentido unido a la Madre de Dios, la ha considerado la domina loci, y ha puesto bajo su protección todos sus anhelos, ilusiones y proyectos. También ahora, muchos siglos después, seguimos poniendo en sus manos nuestras misiones (especialmente en zonas de violencia o de pobreza extrema), nuestros proyectos pastorales, nuestras comunidades, nuestros anhelos… Le pedimos que nos dé la fidelidad, la sabiduría y la generosidad para poder responder desde nuestro carisma los pequeños y grandes desafíos que afrontan hoy la Iglesia y la sociedad.
Ella, que es Madre, nos haga cada día más fraternos y más solidarios, más compasivos y más cercanos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Recibid un fuerte abrazo y mi más cordial felicitación.
Fernando Millán Romeral, O.Carm.
Prior General
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