Testimonio de vida misionera, por Camila Morales Parodi – 5A

El año pasado tuve la oportunidad de ir a la misión Santa Teresita y fue una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida, la paz que sentías estando lejos y ayudando a personas que en serio lo necesitaban, la alegría en la cara de los niños cuando jugabas con ellos o les dabas algo, un simple gracias de un joven al pasar tiempo con ellos te alegraba el día, y el abrazo que algún anciano te daba luego de estar con ellos y ayudarlos, era una de las mejores maneras de cerrarlo. En la Misión 2018 aprendí a ver cosas de manera distinta, que no es necesario tener mucho para ser feliz, que un abrazo puede hacer todo tu día, y que mientras haya vida la esperanza siempre está.

 

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