La Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo - Carmelitas tiene sus orígenes en el Monte Carmelo, en Palestina, en donde, como recuerda el II Libro de los Reyes, el gran Profeta Elías luchó en defensa de la pureza de la fe en el Dios de Israel, venciendo en la lid a los sacerdotes de Baal y donde el mismo Profeta, orando en la soledad, vio aparecer una nubecilla portadora de benéfica lluvia después de la sequía. Desde siempre, este monte ha sido considerado el jardín floreciente de Palestina y símbolo de fertilidad y belleza. De ahí que «Karmel» significa «jardín».
En el siglo XII, algunos penitentes y peregrinos, provenientes de Europa, se establecieron junto a la «Fuente de Elías», en una de las estrechas quebradas del Monte Carmelo, para vivir en forma eremítica y en la imitación del Profeta Elías. Tanto entonces como después, los Carmelitas no reconocieron a ningún otro en particular con el título de fundador; permanecieron fieles al modelo de vida monástica del Profeta Elías. Habiendo sido construida una pequeña iglesia en medio de las celdas, la dedicaron a María, Madre de Jesús, desarrollando el sentido de pertenencia a la Virgen como la Señora del lugar y como Patrona. Tomaron de ahí el nombre de «Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo».
Este grupo de ermitaños laicos para tener una cierta estabilidad jurídica, se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Alberto Avogadro (1150-1214), residente en aquel tiempo en San Juan de Acre, en las cercanías del Monte Carmelo. Este escribió para ellos una Norma de Vida, entre el 1206-1214. Sucesivas aprobaciones de esta norma de vida por parte de varios Papas, ayudaron al proceso de transformación del grupo hacia una Orden Religiosa, cosa que aconteció con la aprobación definitiva de tal texto como Regla por Inocencio IV en el 1247. La Orden Carmelita fue de este modo inserta en la corriente de las Órdenes Mendicantes.
Se dieron posteriormente algunas reformas. La más conocida es la llevada a cabo en España por Santa Teresa de Jesús para la reforma de las monjas y la de San Juan de la Cruz y el P. Jerónimo Gracián. Se tienen así, dos ramas del Carmelo: la de los Carmelitas, llamados también de la «Antigua Observancia» y la de los «Carmelitas Descalzos» o «Teresianos», que consideran a Santa Teresa de Jesús como su reformadora y fundadora.
Grandes avances se dieron también entre los seglares con la institución de la Tercera Orden del Carmen y de las Cofradías del Escapulario del Carmen en varias partes del mundo.
Al inicio de la Revolución Francesa, la Orden Carmelita estaba ya establecida en todo el mundo con 54 Provincias y 13,000 religiosos. Precisamente, a causa de la Revolución Francesa la Orden del Carmelo sufrió graves daños, de modo que al final del siglo XIX se vio reducida a 8 Provincias y 727 religiosos. Sin embargo, fueron estos pocos religiosos los que durante el siglo XX, con valor y determinación, restablecieron la Orden en aquellos países donde había estado presente anteriormente, así como también implantaron el Carmelo en nuevos continentes.
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